me olvidé de tus muecas en tempestades oscuras
del olor a café en una mañana cruda
del latido del corazón acelerado sobre tus pasos
me olvidé de soñar las promesas que ilusionan
del laberinto de tu encanto
de una dulce melodía que destiñe los oídos
me olvidé de pensar en extrañarte
de encontrarte despierta en el final de mi hoguera
de soltar los pétalos de las flores guardadas
en libros gastados de ferias perdidas
de contar las horas como un mendigo sufrido
cuando alguien esquiva la mano que pide
y seguí olvidando para no acordarme
de las tardes soleadas con las persianas bajas
de creer en la nada como significado
y el todo insignificante
de volar como pájaro en festín de primavera
sigue la vida perdida encontrada
en una fugaz revuelta consejera
será la noche el ombligo de un nudo
que suelta la ronda de anestesia dorada
me olvide como se olvidan los viejos del bar
como sufren los árboles en el bulevar
Mi olvido clandestino del destino divino
que beben mis labios para amortiguar
que de tanto olvido no quedan recuerdos
y la memoria se esparce en el verso
de los miles de vestigios sin sangre
de un maldito premiado universo
que me extinguió para siempre
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