Charly

Cerrito.
Observé distintas maneras de dormir.
La gente duerme con la boca abierta.
Con la boca cerrada.
En forma agotada o placentera.
Algunos escuchan música cuando duermen.
Muchos simplemente cierran sus ojos.
Cerrar los ojos no implica dormir.

Yo voy sentando en el medio.

Veo desplomarse en el hombro de un viejo
la cabeza de una muchacha perdida
en las fases del sueño.

El sereno avance del transporte en la autopista
perfecto inductor del sueño
se invade por los resaltos en los peajes.
Siento que la gente paga para dormir y no para viajar.

Me pregunto si todas las personas que van durmiendo
estarán soñando.

Yo no quiero quedarme dormido,
en realidad no puedo quedarme dormido
por dos motivos.
No sé como dormir en una combi.
No sé donde me tengo que bajar.
El primer motivo alcanza como justificativo.

Charly es el conductor.
Los crónicos pasajeros le golpean el hombro
o le dan un beso.
Yo simplemente digo: Hola.

Charly es simpático.
Charly también quiere dormir como los pasajeros
por eso lo hace en intervalos de uno o dos segundos.
Charly trabajo más horas que cualquiera
de los que vamos acá sentados.
Alguien debería ofrecerle una cama a Charly
o conseguirle un reemplazo.

Decido acercarme para hablar con Charly.

Era demasiado tarde para frenar.

No puedo evitar amargarme

No puedo evitar amargarme
con la gente
con los mercados
con los colectivos
con el estado impuro
con la palabra destrozada por medios de comunicación.
Trato pero no puedo.
Quizás por la ironía de la libertad de expresión
o por la consecuencia de la ausencia de un pensamiento popular.
No puedo porque el tiempo pasa demasiado rápido
y yo voy demasiado lento.
No puedo contagiarme del grito sagrado.
No puedo evitar amargarme
con las radios sin voces
con los optimistas
con los oportunistas 
con la sangre que derrama los tiros.
Hago un esfuerzo muy grande.
Un contenido vacío que se llena de espera
y vomita ansiedad.
Solo miro un punto fijo desde mi amargura.
Un mal trago. Un trago amargo.
Qué estará pasando por mi cabeza.
Una carga energética hay en mi cuerpo.
Negativa. 
Que whisky me tomaría.
No puedo evitarme
no puedo evitarme amargar.

¿Quién es este pelotudo que se ríe a carcajada?

¿Cuales son las palabras para llenar los espacios vacíos?
Las miradas mas vencidas de optimistas ya perdidos, resentidos reprochables.
¿Cuales son los viajes que salieron atrasados?
Las costumbres agotadas de la leche más vencida, los amigos descartables.

Todo el mundo es inocente, todo el mundo me consume,
todo el tiempo estoy cayendo, todo el día estoy perdiendo y al fin,
todos se transforman.

¿Quién esta del lado de los santos inocentes?
Las conversaciones atrasadas, todo tema estándar,
de los autos o las casas, los conceptos materiales 
otorgando escalones en subjetividades.
¿Quién es este pelotudo que se ríe a carcajadas?
Yo no entiendo a que vine, ya no escucho el corazón
que ha dejado de decidir para que los demás lo hagan por mi.

No comprendo a las personas, yo no quiero estar rodeado,
no me gustan las reuniones donde escucho mis historias,
no rechazo las opciones para aprender a desaparecer.

Todo el mundo es culpable, todo el mundo me detesta,
todo el tiempo estoy creyendo, todo el día estoy tan triste.

Revólver

Los recuerdos que no volverán, cicatrices que no van a cerrar.
El verano negro sin piedad, las monedas que no existen más.

Los necios venden al por mayor: las palabras que enterraron
                                                            las mentiras establecidas como verdades.
Tiempos conjugados en primera persona y un misterio sin resolver.

Bajo consumo por el calor, el colchón transpirado de a dos.
Siguen siendo los mismos que ayer, los problemas sin resolver.
Guardo el lema que sigue el amor, los rayos tapan la desolación.
Sigue el mundo rondando a tus pies, es el clima que estuvo bien.

Tanto vuelo esperando tu voz, sigue el cielo vacío de paz.
Suelen bajar los fantasmas mentales.
Expresarme siempre fue interrogante.
Ya no juego, ni meto presión.
Las arterias se taparon con tierra.
Esto de ir y no volver,
revolver siempre fue especial a todo mareo existencial.

                                                   

Mañana oscura y Sangre

Una madrugada sin sangre, volviendo a escribir, oscuro, todo está oscuro.
Que mal me siento. Será. Enloquecerá.
La puntada de la panza, así golpea la puerta el fantasma que susurra al oído, sin vos, tu voz.
Pensarte solo pensarte.
Perderme pensándote y lo hago. Porque te pienso, toda entera, desnuda, distinta, divina, mojada.
Y no te siento tan cerca, ni tan sola, ni tan mal acompañada, ni nada de nada, me enredo y me pierdo.
De nuevo me ganan todos los sentimientos del terror. Me hundo.
No hablo, me callo, poco a poco caigo en la desolación de imaginarme un hermoso día con sol, con chiquitos que en la plaza juegan, ríen y me miran, me miran felices. Y yo escondido en el fondo de mis anteojos.
Por cagón y por sensible, porque hiciste lo que quisiste y yo estaba escuchando.
Qué manera de respirar fe en una habitación vacía y fría.
En esta madrugada que volví a escribir, se escucha un auto lejano, el corazón late despacio y yo busco el diablo en los detalles, aparece con tu cara lejana, porque sigo pensándote y rogando sangre, más sangre, todavía me duelen las venas de tanto esperarte.
No poder tocarte.
En el aire, volemos por el aire, seamos viento, seamos lo que en cualquier momento puede explotar.
Seguime esclavizando a todos tus encantos que la vida pasa rápido y yo me revoluciono fácil.
Qué será de tu vida masticando el pasado, que escupís en la almohada las noches que estás sola, que sentís cuando te miro y te hablo, pensándote.
Como sería tu vida con la mía, cuerpo a cuerpo, para dejarnos enredar por  los jugos y las babas, la nariz rociando con suspiro los pelos erizados, tu boca consolando las palabras que me faltaron decir, la cabeza pensando que jamás se levanten las persianas, para seguir tirado oliéndote, manoseándote, para mirarte de cerca y estar cada vez más convencido, de gritarle a los cuatro puntos cardinales que me puedo morir tranquilo, porque me voy a morir feliz. Amándote.

Descontrol remoto

El descontrol remoto de mis emociones
perturban el oído de los sordos televidas.

Quisiera ser onda magnética para llegar.
La cámara lenta la hace pasajera.
La desesperación entra en temor.

Grito confundido.

Quién es la araña manipuladora.
Rompecabezas de una forma literal.
Sangre real.

Idiota manifestación de los sin sabores
aventureros.
El olor de un libro mal-bien guardado.
Donada enciclopedia de la globalización.

Samuel Gelblung.

El control antiguo de la comunicación.
Pixeleado futuro de mundo sin paz,
pais desierto, pueblo contaminado.

Toda mierda por pasada fue peor.

El fuego ya no enciende a los sin luz.
Los alumnos miran un VHS googleado.

Dime que no pasa y te diré que canal es.









La nostalgia de tres días sin dormir

El agua de Buenos Aires.
Las baldosas todas flojas.
Los vacíos espirituales de tu ausencia.
La mesa y sobremesa,
todos los días iguales
o que ya no me duelen las muelas.
Esperando el delivery,
la mañana que ya llega.
Nunca es tarde.
Ropa desordenada sin olor.
Corazones sinceros buscando paz.
La luna en medialuna
y la harina en la cocina.

¿Cuándo fue que perdimos la vergüenza?

Las dudas se consumen.
Los semáforos no se respetan.
Saltando grandes edificios,
como superhéroes sin ficción.
Calles de tierras inexistentes,
el plato despeinado.
Almas que desaparecen por canje
por el diablo mal estacionado.
Tren y ruidos tristes de colectivos.
Extraños transformados en amigos.
Sala de espera.
Costumbres arrancadas de la piel.

Tu voz ya no resulta conocida.

Extremos parecidos a precipicios.
Todo lo que determina una resaca,
grillos cantando y lluvias ausentes.
No existe el rencor.
Equilibrio en perturbación,
justo cuando llega el invierno.
Grises opacos por la humedad.
Televisión detonando distancia.
La ciudad descansa.
Veredas alumbradas por faroles de plaza.
El tango y la diarrea.
Cinco minutos sin té.

Correr desnudo y caminar vestido.

Despertar.
Despertarnos.

Luces con brillos radiantes en tu rostro.
Negación del adiós.
Repetición del sufrimiento.

Enfermar.
Enfermarnos.

Aferrarse a las viejas respuestas.
Salvarse.

Vos caminando.
Yo en tus pasos.

Galanes primavera

Los olvidos de galanes primavera en el suspiro de mendigos de calles de tierra, nada busca el lamento de las piernas arrastradas del desgano, en los intentos azarosos sobre conquistas de blancanieves envenenadas. Los zapatos estancados en el local de intentos fallidos, las pérdidas de eternas cicatrices solo sangran el vino de la alegría. Nada mira la lechuza al costado de la tranquera, no es tarde para el que llega con la dialéctica de la almohada. Si todo pasa y nada queda, la solución entonces siempre es la revuelta, la que aprende de los ensayos y sigue con los errores de dar un premio por recibir el castigo. Qué pasa con los días de jolgorio, si la ruta esta vacía y las luciérnagas encendidas.
Yo no creo que sea depresión, lamerse las bolas como un perro puede ser un punto fijo, de miradas asombradas y panchos atorados, los incomprendidos viajan primeros en el barco de los que gritan: "Cerra el orto" o "Chupame un huevo", esas frases comodines para el truco de los fundamentos.
El grito de los seres pequeños abren el muro de los lamentos, todo regreso al hogar, implica un subibaja de emociones, donde algunos deciden quitarse la vida por amores, otros se olvidan de tocar el timbre y varios prueban su llave en casas desconocidas.
La lluvia jamás fue garantía de llanto pero siempre fue el mejor complemento para la excusa.
Los olvidos de esos galanes primavera dejaron a los mendigos en calles de tierra, los galanes primavera se llevan la piel y los mendigos descubren sus sentimientos. Los galanes se llevan la piel en cualquier estación, los mendigos mastican la tierra haciendo barro, los galanes y la piel de primavera, los mendigos caminando en calles de tierra andan buscando su primavera.
Y la seguirán buscando...

¿Qué hay de nuevo Nico?

Gente burlándose del sufrimiento, discursos vacíos y miedos reciclados volviendo del olvido. Adjetivos agresivos tapando proyectos, pastores de moda rebalsados en palabras, llenando promesas que disfrazan operaciones perversas. Hay mucha ceguera entre tanto caníbal que espera al acecho. Algunos se olvidan que no nacen en cunas de oro y ruegan un cambio porque algo hay que decir, el complejo de pobreza logra tener un colmo y la queja por los planes a los "negros" de las mentes en blanco. Hay incertidumbres en las calles, planteos internos y yo no me puedo dormir.
Será que este tiempo se consume en propuestas de oraciones divinas y escupitajos hacia arriba bajo el suspenso de pegarse uno mismo. 

Máscaras en otoño

Creo que ya es hora de cerrar el adiós, de dejar el amor, latente como siempre. 
Mirá las promesas que se van en el hoy, son las de ayer, son de algún tiempo también. 
El aire fresco desde las cascadas alivia el recuerdo que dejaron las caras partidas al medio.
Las cosas que no vuelven son las que nunca estuvieron, que se reventaron en el puente sin aire que me separa de vos. 
Todas las condiciones que dejamos de lado, se ignoraron en lo temperamental. 
Levantar la cabeza es secarse las lágrimas y correr herido como los caballos entre las piedras. 
No busques tu disfraz de extraña, te alcanza con las máscaras de otoño que transforman sonrisas de meses en vano. 
Mañana todo mejora, ya lo sabemos, lo que queda es un intervalo de duda pero de aceptación. 
Pensamos y actuamos de la manera en que las montañas ya lo sabían con anticipación, de caer y rodar.
Llegar todo golpeado a la palabra final, de los actos sin piedad, la pared que no encontrás, que decide una vez más, que a lo mejor es lo mejor, que no mira atrás y se resuelve en un estado de saber porque no estabas cuando estabas, porqué buscaba lo que no había, los años de la vida se resumen en donde vos no exististe nunca, nunca en la puta tempestad. 

Creo que ya es hora de dejar los motivos, darle paso al olvido y creerle al destino.
Como kamikazes heridos que siguen latiendo a pesar de estrellarse. 
Las persianas hace meses que no se abren, el candado busca cerrarse y a qué esta noche me mirás a través de los sueños.
Siento el río como un ser que recorre la trasparencia en las venas y limpia lo complicado de tu simplicidad.
En este otoño a lo Bernardo Perrone, dibujo las máscaras que te vas a poner en la alegría de la ironía, en la gracia de la soberbia, en el orgullo transformado en razón. 
Solo queda marcar los días de lo que sigue en la vida, lo que sigue en la tuya y hacer simbólica la muerte de tus verticales.
Creo que ya es hora de cerrar el adiós, que lo que se dijo no es el pensamiento, que la realidad se viste de la manera que quieras para que la pases bien. En la almohada vas a saber la distancia de ser y es. 
Así pasan los truenos en fiestas y reuniones amagando la tormenta imposible de la desolación. 
Son las horas de reír.