El rincón de los enemigos

Y las vertientes del vino que consuela 

abre el camino inexplorado 

en el rincón de la desesperación 

dónde late mi inconsciente inconsistente

promulgando la suerte de intentar engancharte

culpandote de todos los males del mundo

pero sobre todo de los corazones que rompiste 

creando una legión de poetas que en plena desazón 

te regalaron una oda a la destrucción 


Nunca supe

No lo sé 

Nunca voy a saber

Brasa

Entra el viento por la ventana
acaricia mi rostro una vez más
Dejo mis manos destiladas
de nicotina para volver a ver 
con mis ojos cansados 
ese paisaje de miedo sin fin
En la madrugada prometida
sonarán las campanas
del amor que espera 
en alguna ciudad
Y dejará perpetua la brasa 
débil de tus caricias

Voy a embriagarme
de nuevo con Dios
lo haré por el tiempo perdido
en casa el frío desnuda la fe
que calmó la promesa eterna

Sobre tu pelo enredado me entrego atraído 
a olorte despacio con miedo a despertarte 
Cantan los pájaros cobardes de invierno
en una noche cualquiera o en cualquiera de mis desvelos
quizás te llame para que el olor sea parte del acto
y las endorfinas como lluvia de estrellas me iluminen un poco el sueño perdido